Anguiano y Viniegras, truchas y vino con denominación de origen

Pescar en España sigue siendo rico y variado, a pesar del mayor de los pesares, que es el daño que sufren constantemente nuestros ríos y sus peces debido a la mano del hombre. Visitar parajes naturales como los que guarda la Sierra de la Demanda en La Rioja, uno no puede sino reflexionar profundamente sobre lo que aún tenemos y sobre cuánto tiempo más podremos disfrutarlos.

Pero fuera sermones y críticas que posiblemente sirvan de poco, vamos a centrarnos en lo que importa, la pesca a mosca.

ANGUIANO

Finales de mayo y un intenso fin de semana por delante de pesca a mosca en el río Najerilla. Los permisos distribuidos para pescar el sábado Anguiano y el domingo Viniegras, en la modalidad de SM en ambos casos y con base de operaciones en La Venta de Goyo a pie de río, un hostal muy recomendable, por su amabilidad y atención, así como por la relación calidad-precio de sus servicios.

Toca madrugar el sábado, pues aunque la distancia con el tramo de Anguiano es de 30 minutos, la carretera serpenteante obliga a llevar una velocidad moderada. Decir, que para los amantes moteros no tiene desperdicio. Así que habiendo desayunado con contundencia, pronto parto para el tramo, con idea de empezar con las primeras luces del sol.

Este coto tiene una longitud de casi 13 km y está dividido en 24 tramos pescables perfectamente delimitados para su práctica. Todos ellos bien señalizados desde la carretera y con accesos a zonas de aparcamiento en prácticamente todo el recorrido.

Ya en el aparcamiento me asomo al río, en el límite inferior desde donde se puede contemplar una gran tabla ideal para pescar con mosca seca a lo largo del día, aunque ahora no sea aún el momento debido a la temperatura del agua tan fría.

Comienzo a pescar por encima de la tabla anterior, en zonas con corrientes moderadas y no tanta anchura de caudal. Las orillas están pobladas de bastante vegetación ribereña y el sol que aún no ha subido lo suficiente deja esta parte del río algo oscura. Aún así, pronto se deja engañar la primera trucha con la ninfa, que pelea bien para su tamaño. Su libre es espectacular sea de repoblación o autóctona.

Peinando bien la zona y cubriendo las posturas tanto desde una orilla como de la otra, se van sucediendo las picadas, algunas fallidas por cierto, y es que es como si tocaran las ninfas pero no las quisieran comer realmente. Pero otras pican con voracidad y saltan fuera del agua la mayoría de las veces. En apenas 100 metros recorridos, había conseguido llevar 8 truchas a la sacadera y otras pocas falladas y aunque ninguna destacable, todas ellas de libreas preciosas.

Poco después vinieron los guardas, con quienes puede charlar un rato. Precisamente decían que los pescadores este año se estaban quejando de las pocas capturas que estaba dando el río y del escaso tamaño, personalmente coincidía en lo segundo. Comentaban que guarda peces grandes, pero que hay que dar con ellos en los pozos, aunque también se han dado en otras zonas no tan profundas.

Realizados el correspondiente chequeo de licencia y permiso, retomo la marcha subiendo río arriba, intercambiando las orillas en función de la disposición de las posturas y las truchas siguen respondiendo al engaño, teniendo un ritmo de capturas alto durante toda la mañana.

Las ninfas funcionan bastante bien en todo momento, una copper nymph abajo y una bicolor en el codal de arriba van agitando a las pintonas en sus escondites y éstas van respondiendo con bravura.

Pero la mañana avanza, el sol en todo lo alto y una temperatura muy agradable provoca que se empiecen a ver las primeras cebas en los remansos de las corrientes y en algunas tablas, por lo que es el indicador clave para guardar las ninfas y pasar a la acción con mosca seca.

Empiezan a verse tricópteros y algunos plecópteros, no son muy abundantes pero suficientes como para activar a los peces y éstos a responder. Así que decido empezar con un trico sencillo de liebre y tejadillo de ciervo que me suele funcionar bastante bien en la mayoría de escenarios. Confirmando que aquí también lo hace, pues en la primera ocasión de ponerle en el agua consigue hacer subir a la primera pintona. Media hora después había logrado engañar a cuatro truchas e incluso llegué a ver subir una gran trucha a tomarlo en la cabecera de un pozo, pero ahí quedó y no logré hacerla subir nuevamente.

Llegué a una zona recreativa y de descanso muy bien cuidada, por lo que decido hacer un alto para comer e hidratarme. Además venía bien sentarse un poco y descansar. En ese momento se me acercó un lugareño a preguntarme amablemente por la jornada. Hablamos unos minutos como no puede ser de otra manera del pasado, de lo que llegó a pescar en su juventud en este río y las grandes pescatas y buenos ejemplares que llegó a sacar. Viene siendo un tópico, pero siempre da que pensar, pues ya se sabe, nada volverá a ser como antes.

Tras un largo receso y siesta incluida muy reconfortante, prosigo la tarea. Son las 17:00h de la tarde y la actividad de los peces en superficie es notable. A contraluz las distintas eclosiones son evidentes y las truchas aprovechan para dejarse ver, chapoteo tras chapoteo.

El momento es frenético y más corto de lo esperado, no llegaría a una hora, pero intenso. Las truchas van tomando la mosca sin necesitar emplearse muy a fondo. En esa hora consigo capturar más de una docena de truchas, la mayoría pequeñas, nada especialmente destacable, pero sin duda, un rato muy entretenido.

Poco a poco la intensidad va bajando, pasó el momento y a medida que el sol se va inclinando la actividad de las truchas comiendo arriba va descendiendo. Aún así, ocasionalmente y con más cadencia alguna llegaba a tomar la mosca igualmente.

Al atardecer decido coger el coche para investigar el tramo elegido del día siguiente, el acceso y primeras zonas de pesca desde el límite inferior. Desde allí pude comprobar el aparcamiento y observar, ya con las últimas luces del día, las primeras corrientes y tablas donde algunas truchas se cebaban. El río aquí empieza ancho pero encajonado por una de las orillas en una gran pared, por lo no podré cruzar el río hasta unos cientos de metros más adelante.

Llegué al Hostal La Venta de Goyo, para cambiarme, asearme y ya de forma relajada cenar acompañado de un buen vino de la tierra que era lo que procedía. De fondo por los presentes de palpaba la noticia de la comuna de hippies que acampaban en la zona, cuestión que dio mucho juego durante la estancia.

VINIEGRAS

Primeras luces del día siguiente y ya en pie de guerra, con la intención de aprovechar al máximo la jornada, que empieza como no puede ser de otra manera, con un consistente y delicioso almuerzo.

En el aparcamiento, los guardas han madrugado y casi llegamos a la par. Procedemos como el día anterior en el check-in y tras desearme suerte abandonan la zona.

La mañana fresquita y el río encajonado hace que el sol siga escondido, por lo que de momento habiendo echado un vistazo al estado del río en sus primeros metros del tamo, decido comenzar con ninfas en las primeras corrientes. Los comienzos son más duros que el día anterior en Anguiano, y la primera trucha tarda un rato en salir, y las siguientes entre sí también, lo sombrío y fresco del paraje hace mella en el ambiente y las truchas lo deben notar también.

Tras pescar las primeras corrientes que no dan demasiado fruto, avanzo hasta una larga tabla con unas fuertes corrientes en cabecera. Allí el sol ya la cubre completamente y permite ver el fondo pedregoso en todo su recorrido. Los peces, pequeños, tocan las ninfas tímidamente y tan sólo un par de ellas las toman con contundencia. Se ve que están agazapadas y poco activas entre las piedras, ya que en estas aguas cuesta creer que no de más peces.

A partir de aquí el río vira en un ángulo de 45º y las aguas son más someras y sus dos orillas más pobladas de árboles y vegetación ribereña. Hay que ir entrando y saliendo del río con frecuencia para situarse cómodamente en las posturas más tentadoras. Voy pescando estas aguas con algo más de brío y las tres truchas que logro capturar se dan en la misma vena de agua con algo más de profundidad en la orilla derecha.

Se acerca el mediodía y la temperatura es ya más templada y agradable. El sol en todo lo alto permite ver cada rincón del río con claridad. Aguas arriba, al fondo, nos espera otra tabla inmensa de profundidad gradual con un buen pozo en cabecera y en su cola ya se observan tímidas cebas aisladas de pequeñas truchas.

Me dispongo a pescar a seca con la referencia de los peces que suben a la superficie, pero sin tener claro qué están comiendo, pues no hay ninguna eclosión clara a la vista. Seguramente algún díptero. Así que empiezo con una pequeña emergente oliva de CDC en un #20, que tarda en dar su resultado, pero que tras varios intentos consigue atraer a una bonita pintona que la toma muy franca y rápidamente. En la orilla contraria en la parte más somera consigo ver distinguir a otra trucha, prácticamente inmóvil, como esperando a que la suave corriente le proporcione algún alimento al que subir. Con cuidado para que no vea mis movimientos, ni la línea y con sigilo consigo poner la mosca con una deriva clara hasta su posición y aunque en los dos primeros lances se resiste a tomarla, finalmente sucumbe al engaño.

Esta tabla da mucho de si, permitiéndome capturar otros cuatro peces a seca, pero a medida que me acerco a su cabecera con ese gran pozo profundo, las posibilidades de vadeo son nulas, por lo que salgo del río para acometerlo desde arriba en sus primeras corrientes vertidas con un tricóptero más vistoso y flotante y pescando de punta. Un par de truchas y otra pinchada que fallo es el resultado final.

Hago un alto para hidratarme y picar algo, antes de proseguir. A partir de aquí el río serpentea y ofrece distintos pozos, corrientes, con algún tronco cruzando el río y alguna roca lateral que impedirá el paso por la orilla derecha pero que en conjunto parece que tiene algo de dificultad para vadear cómodamente.

Sigo por la margen izquierda, para llegar a otro pozo también profundo pero más corto por encima de un tronco caído que cruza la mitad del río. Aquí toca echar las ninfas a ver si algún pez del fondo quiere picar y ¡bingo! una hermosa trucha cuarentona toma el perdigón pegando un buen tirón y propiciando una buena pelea, pero en su descuelgue que no puedo controlar en sus primeros metros por no romper debido a su tamaño y a la corriente, consigue romper el terminal.

Por encima unas corrientes prometen albergar peces agazapados y tras ver como una de mediano tamaño sube a por un tricóptero, vuelvo a montarlo en el terminal para tratar de tentarla. Aunque esta vez, después de unos minutos intentándolo, no consigo hacer subir a ninguna.

Es casi la hora de salir del río, se hace tarde para comer y volver a casa, pero apuro los últimos momentos en unas corrientes suaves donde veo truchas que se ceban. Algunas efémeras y tricópteros están apareciendo y las truchas se animan a subir selectivamente. Ato en el terminal una Rhithrogena y efectuado el primer lance clavo la primera trucha y maja. En los minutos finales consigo antes de dar por terminada la jornada, otras tres truchas pequeñas caen a la sacadera.

Me queda sin pescar un tercio del tramo elegido, pero pensando ya en el viaje de vuelta y reponer fuerzas, decido desmontar los aparejos y encaminarme hacia el aparcamiento.

Una hora más tarde relajadamente puedo degustar un suculento almuerzo típico en el Bar Pura, antes de emprender el viaje de regreso.

Como resumen decir que ambos escenarios que ofrece este río son una maravilla; aguas claras y orillas limpias, muy bien señalizado, un entorno natural de una belleza descomunal y unas bravas y preciosas truchas. Si además quieres disfrutar de una buena gastronomía aderezada con vinos de fama mundial, no te lo puedes perder.

© PescataMinuta 2021

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. trout man dice:

    Excelente jornada y fantastica historia muy bien detallada,vaya gustazo,un saludo,Alberto

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    1. Fue una gozada, muchas gracias Alberto!

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