Horcajo de la Sierra, … a recuperar

Había tenido tiempo desde que solicité el coto analizar si había sido una buena elección para esta jornada. Hacía más de 10 años que no lo pescaba y podía estar equivocado en el posible devenir de la jornada. Su curso tan enmarañado y la escasez de agua en la fecha elegida esta temporada, no me transmitían precisamente buenas sensaciones antes de acudir al coto.

El coto en sí y todo el curso del río Madarquillos en dicho tramo se encuentra muy protegido y cubierto de árboles, zarzas, juncos, y demás arbustos y vegetación en las orillas. Algunas zonas son impracticables para la pesca a mosca con cola de rata, ya que no hay espacio para lanzar y si lo consigues es muy fácil, enganchar la línea y perder la mosca. La profundidad es pequeña a finales de junio, sus aguas transparentes y el lecho de canto rodado, se puede vadear sin mayores problemas, con algo de cuidado por los resbalones. En muchas orillas se puede observar alambradas que bordean el curso del río, entiendo que para evitar el paso de animales entre las fincas colindantes y en otras tantas hay vallados de piedra en las orillas, que dificultan el paso. Por lo que hay que tener mucho cuidado, a la hora de entrar y salir del río en casi todo su recorrido, si no queremos dañar nuestro wader. El caudal oscila mucho por la pendiente del río, que pasa de pequeñas balsas de agua a pozas profundas en menos de 20 metros, pero que entre ambas ofrece algunas tablas con buenas posturas. En su tramo medio el río se encajona entre paredes, que obligan a subir algunas pendientes importantes y salirse de su curso natural para encontrar accesos adecuados. Quizás toda esta dificultad propicie que no sea uno de los cotos preferentes en los sorteos de la Comunidad de Madrid.

Cuanto llego a primera hora a pie de río, me asomo a la orilla para ver sus aguas y ver su actividad en el ambiente. ¡Menuda sorpresa!, el coto está recién repoblado y en la tabla de La Tejera se pueden observar con cierto sigilo, muchos ejemplares comiendo en la superficie siendo la mayoría de una talla mediana-grande.

Feliz por momentos de que hay peces en el río, ahora es el turno de probar sin son fáciles de engañar con la mosca, por lo que me dispongo a preparar el equipo y comenzar a explorar este coto. Acotado que ha estado muy abandonado en los últimos años, debido al furtivismo que ha erosionado gravemente su población de truchas autóctonas. Hoy en día apenas quedan peces autóctonos y tan sólo queda una gestión de repoblación con trucha común, que consigue renovar cierta ilusión del pescador por este coto, aunque sigue sin haber vigilancia alguna, o por lo menos yo no la he visto nunca y esto permite que se convierta en un coto con muerte en lugar de lo contrario. Pero esto es argumento de otro debate.

En todo caso, la mañana comienza bien y las capturas enseguida se van produciendo con cierta facilidad. Los tricópteros funcionan bien, así como algunas efémeras. Lo malo es que a pesar de que muchas capturas son mayores de 35 cm, no presentan excesiva resistencia. Además algunos ejemplares capturados, tienen heridas en sus aletas dorsales y caudales, y a otras les faltan alguna de las pectorales o la tienen dañada, supuestamente por las peleas durante la convivencia en las piscifactorías. También hay muchos peces sanos afortunadamente, por lo que su supervivencia tendrá ciertas garantías.

Bueno, se trataba de pasar un buen rato y el escenario promete en cuanto a la población de truchas y al éxito de capturas. Otra cosa es encontrar emociones interesantes con algo de dificultad, por lo que busco otras zonas con menos actividad en busca de truchas dispersas y ocultas en la sombra, con el fin de sorprendernos mutuamente. Y se va consiguiendo, en distintas pozas y entradas de corriente de algunas tablas, una serie de hermosas truchas sucumben a las imitaciones de tricóptero.

El llevar poco caudal de agua el río, permite ver bien a las truchas en contraste con los claros del fondo del río cuando están abajo y en la superficie, por lo que además la acción de pesca está siendo de lo más gratificante, porque todas las capturas son con seca y a pez visto.

Durante el descanso y habiendo recorrido ya 1,5 km del acotado, observo que en una de las tablas más grandes que posee el coto hay un gran número de truchas que están en el fondo del río casi paradas y todas ellas son de una gran talla 35-40 cm. Otras pequeñas autóctonas percatándose pronto de mi presencia, vuelan rápido a esconderse. Me siento a la sombra encima de una gran roca y me quedo unos minutos observando su comportamiento, cuando veo que de vez en cuando alguna sube a la superficie a comer. Lo que están comiendo son pequeños y diminutos escarabajos con el vientre oscuro y alas marrones, que de vez en cuando caen al agua cuando sobrevuelan esta tabla. No tengo esta mosca y la imitación más parecida es una pequeña hormiga negra con alas beige. Decido montarla y lanzarla de forma suave como lo han hecho los pequeños escarabajos y enseguida veo como una trucha sube a por ella y cuando va a tomar la mosca, se arrepiente en el último segundo y la rechaza. Pero en el segundo lance y acosada por otra trucha que también observa la presentación, se tira hacia ella con contundencia, consiguiendo prenderla adecuadamente. Quizás fue la imagen de la jornada, en cuanto a sutileza del lance y la posterior clavada.

Recorrí buena parte del coto, cerca de los 3 km, probando muchos lances en distintas posturas y consiguiendo más de una veintena de capturas, todas importantes de talla y algunas con algún buen intento de pelea. Pero había llegado el momento de volver y además se trataba de llegar por el mismo camino empinado y angosto que sin darme cuenta había recorrido, entretenido en engañar a las truchas, por lo que se me hizo algo duro, sobre todo cuando tuve que salvar la parte más encañonada del río dando una vuelta importante con mucho repecho, hasta coger la senda original.

El esfuerzo valió la pena, un numeroso botín de capturas, todas devueltas con cariño a su medio, pusieron el broche final  a una jornada de pesca en un coto que aun estando muy dejado de la mano de Dios, en cuanto a cuidados, accesos, indicaciones y vigilancia, conserva el estilo de un buen río de montaña, de lo que puede ser un buen coto de pesca y la esperanza de recuperarlo con garantías.

Texto y fotos: PescataMinuta

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