Reos en el río Mandeo

Por suerte y gracias a mi reciente amistad con José Mariño de Riversfly, gallego y conocedor de éste pez y los ríos de la zona, compartimos una más que interesante jornada de pesca en el río Mandeo, uno de los mejores de la cornisa Atlántica y Cantábrica.

Por su experiencia, me dio unos buenos consejos que a él le resultan muy efectivos y entre ellos uno muy importante –Olvídate de cómo has pescado el reo en Asturias, aquí es distinto- , por su técnica, por las moscas a utilizar, incluso se usa un tipo de señuelo “Risco” por los rivereños que parece ser muy efectivo. Las diferencias no son radicales, tippet gruesos >16 diam., moscas en anzuelos grandes < nº 14, excesiva cautela y silencio, etc.

Comenzamos pescando las aguas más abajo del coto con la idea de remontar hasta el aparcamiento. Sin dudarlo nos dispusimos a caminar un buen rato, contemplando a la vez el magnífico entorno que ofrece su curso; abundante vegetación que ensombrecen la claridad de sus aguas, sus magníficos rápidos y pozas que discurren por todo su curso, donde van destacando algunas interesantes posturas que José me va comentando.

Comenzamos la faena, viendo al poco rato alguna cebada cercana, pero lo más llamativo es que a un metro y medio al lado mío, inmóvil en el fondo pero atento a mis movimientos, veo un gran reo, al cual intenté fotografiar, pero la imagen no salió lo nítida que esperaba.

Seguimos avanzando, ya separados intentando cada uno usar sus conocimientos y sus técnicas para conseguir alguna captura.

Paramos para almorzar y comentar la mañana, donde por mi parte había clavado un par de truchas de talla mínima y la única clavada de un buen ejemplar de reo, había partido el tippet en la pelea, por lo que no puede dejar testimonio gráfico. José había tenido algunas clavadas, pero igualmente se le escaparon. José confesaba que no estaba siendo muy bueno el día, pero que al menos reos se veían, por lo que probaríamos a tener mejor suerte a la tarde.

Por la tarde nos volvimos a separar dentro del mismo tramo, pero esta vez José tuvo mejor suerte y consiguió 2 capturas, aunque también se le escapó alguno más. Por mi parte no tuve fortuna, tan sólo una trucha más, aunque llegué a tener cerca un par de ellos, pero sin lograr engañarles. Realmente no me importó en exceso, mi prioridad era conocer el entorno y las técnicas en la zona, con la ventaja de un profesional como es José.

Ya de vuelta, al atardecer paramos en uno de los bares expendedores de permisos y pude contemplar por distintas fotos y poster, que el río Mandeo es uno de los más importantes de Galicia y de España para la pesca del reo.

José, hasta el próximo año y gracias por tu colaboración!

Texto y fotos: PescataMinuta y José Mariño

Reos del Sella – Ribadesella

No hay nada como tener un guía que te confíe sus secretos del río o de un lugar concreto de pesca que conoce para poder disfrutar de un magnífico fin de semana de pesca del reo.

Así fue amigos, el día 23 de junio de 2007 tuve la suerte de acompañar a mi compañero Darío en una jornada de pesca a mosca en el Rio Sella.

El sábado madrugamos y en el río estábamos preparando las artes a las 7:30h de la mañana, donde se notaba un ambiente muy fresco y húmedo que incluso contrastaba con la temperatura del agua, por lo que aún tengo grabada la humeante cortina que discurría por la superficie del río y retenida a la vez por la pequeña brisa matinal.

Dispuestos con nuestros vadeadores y equipos, comenzamos a explorar las orillas y sus primeros metros de cauce, intentando ver a los reos y otros peces. Pronto observamos algunas cebadas de truchas y reos, por lo que nos apresuramos a buscar una primera mosca que poner en nuestros tippet.

Darío como buen conocedor del reo y del tramo libre donde estábamos pescando, me aconsejó montar un mosquito verde oliva de los que llevaba en la caja de moscas. Por su parte montaba otro similar pero más oscuro.Cogimos las primeras posturas y comenzamos los lances en donde las cebadas de los peces nos indicaban.

En mi caso lanzaba la línea aguas arriba y con la coca de la misma muy abierta en perpendicular a la corriente que había en la orilla contraria.

Pasó la primera hora y tan sólo habíamos vadeado 100 m. de río, pero de momento no habíamos tenido suerte. En ese momento y justo al borde de las ramas de un árbol que casi rozaban la superficie del río, una fario no pudo resistirse a la mosca seca que se hacía el giro de la deriva de la línea y fue clavada. Bueno!, pensé, al menos ya no me iré de vacío.

Entre tanto algún piragüista nos interrumpía respetuosamente el ritmo de lances en unas aguas tranquilas pero ligeras de corriente. También las vacas y terneros que se aceraban a la orilla del río merodeando como público curioso y con las que mi esposa y mi hijo se entretenían contemplando.

Darío ya se había separado unos 200 m. de donde comenzamos juntos y le había visto cambiar de mosca al menos un par de veces más que yo. Aun así, sabía que por su conocimiento del rio, pronto me adelantaría, ya que esta captura había sido fortuita. Lo curioso es que en las siguientes 2 horas, poco antes de las 11:00h, conseguí otros dos ejemplares de trucha fario y más o menos del mismo tamaño. Eso sí, los reos no terminaban de entrar.

Pasamos la mañana y para la hora de comer reflexionamos juntos sobre cómo nos había ido a ambos. Darío había tenido una picada, pero no llegó a clavar al reo, por lo que la mañana no fue fructífera. Por otro lado le sorprendió que no capturase ningún reo y en cambio clavara las 3 farios. Ya sólo quedaba desearnos  mejor suerte para la tarde-noche.

Comimos en Gijón con nuestras respectivas familias en una típica sidrería asturiana, degustando buenas tapas en buena compañía.

Ya por la tarde a eso de las 18:00h volvimos al río dispuestos a llegar al sereno con mejor suerte de capturas que la mañana. Esta vez equipados de linternas para ver en la oscuridad el atado de las moscas. Fue entonces cuando la suerte cambió y esas horas Darío clavó 3 reos y en mi caso ni truchas ni reos.

Aguantamos hasta las 22:10h en el río, con la luz suficiente como para poder volver a los coches y despojarnos de los equipos para volver al hotel. Pudimos entonces confirmar que pese a lo curioso y extraño del día vimos peces y tuvimos capturas.

Esa noche y cenando con la familia, mi único pensamiento era el reo, mi gran objetivo. Todo estaba muy bien, escenario, clima, gastronomía, paisaje y compañía, pero seguía estando incompleto para mí, ya que no había conseguido ninguna captura de reo. Por lo que había que  resignarse y descansar para probar mejor suerte a la mañana siguiente.

Y así ocurrió, nos presentamos en el río a las 7:45h, dispuesto por mi parte a conseguir el dichoso pez. Esta vez la familia no nos acompañó por lo que deberíamos tener ninguna interrupción posible por su parte.

Transcurría la mañana, que previsiblemente sería más corta porque había que recoger los equipajes del hotel para regresar a Madrid a una hora razonable y veíamos que se presentaba la jornada aún más difícil. Pero a eso de las 12:10h a unos 50 mts., aguas debajo de Darío, por fin!, por fin! un Reo!, gritaba por dentro y silbaba a Darío, algo excitado y feliz a la vez. Ahí estaba ese reo, precioso porque era mi captura y aunque su tamaño era mediano a mi me parecía la mejor captura en mucho tiempo.

No hubo más capturas ni por su parte ni por la mía, pero yo al menos me sentía reconfortado por ese único premio que me había dado mi primera experiencia en el Sella.

Estoy convencido de que mi relato no transmite grandeza, en cuanto a la cantidad de las capturas o tamaños sorprendentes de éstas, pero para mí personalmente será su recuerdo, que aún saboreo y que me causó tal sensación, el que prefiero compartir y no olvidar, aunque sepa que en el futuro tendré otras y mejores experiencias.

Gracias Darío! por esta magnífica experiencia.

Textos y fotos: PescataMinuta