Molino de la Horcajada – Río Lozoya

Nos habíamos informado previamente acerca de la situación del coto a través de Juan secretario de la Sociedad de Pescadores Valle Alto del Lozoya, habiéndonos confirmado que el río bajaba pescable y que habían repoblado en Semana Santa, por contra la temperatura del agua, que todavía es muy fría debido a las últimas precipitaciones de nieve en la zona durante las últimas semanas.

Confiando en que la climatología nos concediera un día aceptable de pesca, Miguel y un servidor nos presentamos a pie de río dispuestos a tentar a las pintonas del Lozoya en el tramo I donde siempre hemos practicado Captura y Suelta, pero que según el personal del Bar José María, de momento y hasta una próxima reunión, el mismo permiso permite practicar pesca con muerte en ambos tramos del río. Veremos cómo queda la situación final en los cotos madrileños, sobre todo en los intensivos, donde este año particularmente a estas alturas de temporada aún no está claro cuál será su legislación.

Observando desde el aparcamiento que el caudal del río es muy importante, preparamos los equipos con la idea de comenzar con ninfas intentando provocar  a las truchas en el fondo, que es donde suponemos estarán a primera hora del día.

Empezamos a probar aguas abajo del aparcamiento, entre los propios remolinos y algunos de los rápidos que se van sucediendo en las primeras curvas. En las primeras dos horas no hay novedad alguna, no se ven las truchas, tan solo molestos enganches con la vegetación del lecho del río y alguna piedra, que nos dificultan la acción de pesca.

Haciendo su trabajo nos encontramos con el Guarda, con el que conversamos sobre la situación de los últimos días. Nos dice que se han estado sacando truchas tras la última repoblación 4-5 por algunos pescadores. Aunque reconoce que desde el pasado año que no se repueblan sus aguas, con 350Kg de trucha para los dos tramos es insuficiente. Que la situación del caudal es desde hace unas semanas, pues apenas había agua y con las últimas nieves y lluvias, han tenido que soltar agua de la presa, de ahí esta fuerte corriente. Lo que no nos deja claro es como quedará la regulación de los cotos de la zona, pues la próxima semana hay reuniones con la Consejería y las Sociedades de Pescadores para intentar llegar a un acuerdo definitivo en la gestión.

Subimos río arriba hacia la tabla profunda del puente, donde volvemos a intentarlo en distintas posturas, pero tampoco hay fortuna. ¿Dónde están las truchas?, nos preguntábamos, no había señales de peces por ningún sitio.

Decidimos hacer un receso y antes de seguir remontando río arriba, entre tanto observamos cómo iban llegando algunos pescadores más al coto, dispuestos a probar fortuna.

Continuamos subiendo, probando en algunas otras zonas de camino hacia la presa, intentándolo en los rápidos y en los pocos remansos que nos vamos encontrando. Algunos de los cuales intransitables, por la fuerte corriente.

Llegamos a una zona con más anchura del río y aguas más tranquilas, donde después de un rato de cambiar y probar ninfas, una trucha atraída por una ninfa oreja de liebre y cabeza dorada del tándem que había montado, se clava en ella, aunque al instante y con la pelea con medio cuerpo fuera del agua ya, consigue soltarse. ¡Una pena, pues parecía una buena pieza!

Continué batiendo la zona buscando otro posible pez que estuviera allí, pues quizás estuvieran al acecho entre las algas que había en esta parte del río. Después de un rato, probé cerca de la orilla de acceso y al segundo lance conseguí clavar otra trucha, aunque esta vez con más fortuna que antes, la clavada fue perfecta en el labio superior, por lo que la captura se consumó con éxito.

Terminamos la jornada al medio día con los últimos lances en las inmediaciones de la presa, en otra tabla con muchos remansos que podían albergar truchas. Pero tampoco encontramos ninguna actividad, por lo que nos vamos algo decepcionados porque todo apunta a que no hay suficientes truchas en el río como pasar un rato entretenido y aunque para nosotros tampoco es muy importante ya que se trataba de pasar una bonita mañana en un estupendo escenario de pesca y en buenas condiciones de pesca, a un coto intensivo de estas características se debería exigir más calidad en la gestión de las repoblaciones.

Bajo mi opinión en la Comunidad de Madrid la pesca fluvial se debería regir por una única normativa de captura y suelta en todos los cotos, con ello se conseguiría una población más constante, mejor regulada y una gestión más económica que la actual.

 Texto y fotos: PescataMinuta

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