Los Alejos, a seca

Era la tercera vez que pescaba en La Sierra de Alcaraz y la primera en este coto, vaya por delante desde aquí mi agradecimiento a mi amigo Víctor González por las precisas indicaciones de accesos, quien lo conoce a la perfección. Lo hubiera pescado igualmente, pues forma parte del espíritu aventurero que llevamos dentro los pescadores, pero reconozco que una ayudita siempre viene bien.

Primeros de junio, por delante un día caluroso como es de esperar a estas alturas de temporada, cielo prácticamente despejado y sin viento. Todo lo que se le puede pedir a una buena jornada para pescar a mosca seca.

Ya desde el límite inferior, en el puente de Los Alejos, dentro del río y mirando aguas arriba, sólo se puede contemplar la belleza y absoluta tranquilidad del paraje. El ambientes a primera hora es fresco y el caudal normal, a pesar de que es un río en el que junio acusa un gran descenso. Sus aguas limpias y tintadas de un verdoso anaranjado.

Comienzo a pesca a las 9:30h, sin ninguna indicación de cebas y en los primeros compases con el cauce más ensombrecido por la maraña de la orilla, sin poder divisar peces puestos. Lo hago pescando al agua, tratando de provocarlas en corrientes y tablas sinuosas que se van sucediendo aguas arriba.

La primera hora trascurre sin conseguir ninguna subida a la mosca, un tricóptero pajizo atado en el terminal es incapaz de provocarlas. Algún pez veo salir asustado en estos primeros compases de la mañana y no será hasta las 11:05h cuando consigo engañar a la primera trucha. Es una bonita trucha de unos 35 cm que sube a la mosca al final de una tabla apostada entre las corrientes de cabecera.

A medida que avanza la mañana y el sol luce en una de las orillas, pueden distinguirse más peces apostados. Con sigilo y tranquilidad, pero sin abandonar el cauce del río voy explorando todos los posibles rincones.

Las truchas van respondiendo, normalmente las que están aguardando en aguas más someras, pues aunque en algún pozo lo intento, hay menos opciones de que suban hasta la mosca.

Llego a una zona algo más complicada para pescar y progresar por el lecho del río, por troncos cruzados y profundidad del pozo, por lo que salgo del agua por la margen izquierda y vuelvo a entrar 10-12 metros aguas arriba.

En la siguiente tabla, con muy buena pinta y bastante somera, exceptuando la margen izquierda, obtengo otras dos bonitas truchas, de similar porte, pero una de ellas logra soltarse en última instancia. La tabla es larga y cuando la acabo, pienso que había podido sacarle más provecho con otra mosca, pues creo que dos truchas para tan largo tramo es un bajo resultado.

No observo ninguna eclosión en el río, si diminutos dípteros que te rodean la cabeza revoloteando en todo momento. Pero aun así, sin referencias, ato en el terminal una Royal Coachman que en Riopar o Cuenca, con aguas y ambientes similares de pesca me suele dar buenos resultados.

Primeros lances en corrientes suaves y primera captura que logro. Pudo ser fortuito o previsto, pero esa rapidez me hizo continuar ya para todo la jornada con la misma mosca.

Llego a la zona de la pasarela con un buen pozo y corrientes de derechas que invitar a probar, aunque sin éxito. Pero justo a continuación al final de un chorro del pozo siguiente, otra preciosa trucha sale de entre las sombras para tomar implacable la artificial.

A partir de aquí y tras una tabla profunda, el escenario se va cerrando y complicando. Es el momento de hacer un receso y aprovechar para cubrir otras zonas de coto. Regreso hasta el coche que le tenía en un aparcamiento cercano y subo río arriba hasta la zona de La Alfera con acceso de nuevo al río. Desde el aparcamiento retrocedo unos 500 m aguas abajo, para en una hora parar a la altura del aparcamiento y almorzar a la sombra.

Comienzo tras una curva pronunciada y con varias badinas a la vista donde poder lanzar la mosca, salvando los primeros obstáculos de ramas de un árbol caído. Pocos minutos después una trucha toma ferozmente la mosca y logro meter a la sacadera.

Unos cincuenta metros más arriba, asoma un tramo espectacular, corrientes suaves y encajadas por orillas con abundante vegetación, chopos al fondo y el sol incidiendo en el centro que tornan el agua dorada y cristalina para ver muy bien a los peces. Vamos, de postal! Y es allí donde enseguida veo una hermosa trucha apostada en la margen izquierda tranquila que rozaría los 50 cm. En los dos primeros lances consigo llamar su atención, pero no es hasta el tercero cuando consigo que tome la mosca franca y clara. A partir de aquí viene lo mejor, me iba a plantar cara, por supuesto, tratando de descolgarse entre las corrientes anteriores. La pude contener por momentos, pero finalmente logró meterse entre las raíces de la orilla derecha y romper. Para cuando recobro el aliento, veo que tengo otra algo más pequeña un poco más adelante. Esta vez me fijo bien en las posibles escapatorias antes de lanzar para prever algo parecido a lo ocurrido. Pero la trucha parece estar a otra cosa y parece que no quiere subir a por la mosca, hasta que al final en uno esas pasadas en las que la mosca la ha superado, reacciona dándose la vuelta y atacándola en la deriva. Un lance muy guapo que esta vez si logré meter en la sacadera.

Llego a otra pasarela que cruza el río donde justo debajo una vena de agua con tronco incluido es un perfecto lugar para albergar algún buen pez y así es, al tercer o cuarto lance en la parte más blanda de la corriente otra gran trucha, algo más pequeña, toma la mosca y rápidamente se mete hacia el fondo, que logro salvar por momentos, evitando que rompa en alguna de las ramas hundidas, pero al igual que hizo la anterior, se descuelga enérgicamente aguas abajo, soltándose limpiamente al final de las corrientes. ¡Wow! un subidón, en menos de 45 minutos me habían vapuleado dos grandes peces y no conseguí cobrar ninguno.

Llegué al aparcamiento y me dispuse a hidratarme y reponer fuerzas para asimilar mejor ambas derrotas. Ya no hacía el fresquito de la mañana y mojarse un poquito por fuera y por dentro vendría muy bien.

Tras el almuerzo y una pequeña cabezada, reanudé la pesca hacia las 18:00h desde el mismo sitio donde lo dejé.

Alguna ceba ocasional se aprecia al fondo de la tabla, pero no repiten, a pesar de ellos, todos los rincones invitan a ser tentados. Sin avanzar muchos metros y tras los primeros lances, las truchas siguen dando la cara y suben a tomar en superficie la mosca. La longitud de la tabla obliga a ser paciente y no dejar ningún lugar sin explorar.

Sigo avanzando en esa pequeña autopista uniforme de agua que tengo por delante y hasta el final logro tres truchas más que aunque son normales, me saben a gloria.

Al final de la primera curva un árbol de derechas deja entrever una poza muy cucha con una badina de cabecera que vierte al mismo. En el pozo ni lo intento, es profundo y las ramas del árbol indican «ni lo intentes», pero si lo hago en la badina, la cual en el primer lance me da otra bonita y pelona trucha.

Se endereza el curso y aunque viene otra tabla, ésta es más corta y ancha cuyo final de cabecera es la gran raíz de otro árbol. Según me voy acercando observo que un pez se está cebando junto al tronco principal. El pez repite y lo hace con frecuencia, pero poco a poco voy tentando los aledaños antes de llegar a su alcance por si hay algún otro pez dispuesto.

Me centro en esta trucha, estoy casi convencido que en la primera pasada toma la mosca, pero no sólo no es así, sino que además deja de cebarse. Algo no le ha gustado y quizás se ha percatado del peligro. Pero sigo insistiendo, no se distingue por la sombra del tronco pero no andará muy lejos. Unos cuantos lances más tarde asoma de nuevo para tomar la mosca como si a cámara lenta se tratase, franca y confiada. Esta vez tengo la suerte de que tras su captura la trucha huye hacia mi posición, facilitándome su enceste. En un pez mediano, de librea más oscura que las anteriores, pero igualmente bonita.

El río se estrecha y ensancha en los siguientes tramos, configurando diversas posturas de pesca, a cual más chulo. Las sombras de los árboles dejan claros y luces en el curso del río, pero los peces siguen respondiendo bien a la tentación que flota. No son peces grandes, pero son igualmente bonitos y peleones.

Llego a otro pozo ancho y con larga cola entre unas rocas, que es difícil de evitar sin intentarlo al menos, pues seguro guarda peces. Fuera de las espumas de las aguas más rápidas me da la sensación que un pez y grande a intentado tomar la mosca, pero no la coge. Lo sigo intentando, pero no repite. Decido poner un tricóptero de ciervo que flota más y veo mejor y al tercer lance una gran trucha lo toma con fiereza y se va abajo con fuerza. Al principio se enreda en algo del fondo pero consigo obligarla para que ceda y sacarla del pozo, se va hacia la cola donde se intenta meter entre las grietas de las rocas, consiguiendo romper el hilo con el roce y dejándome boquiabierto. Nada, hoy las grandes no quieren ser capturadas y yo estoy torpe, o una de las dos.

El pozo me da una trucha más, pero nada del otro mundo.

Veo otra trucha cebándose al final de la siguiente tabla, casi está a mi alcance, pero prefiero posicionarme mejor para lanzarle la mosca. Primer lance y la toma, espectacular, todo perfecto.

Unos quince metros después lanzando al agua, otra trucha de gran tamaño toma el tricóptero, son escenas muy bobitas, la toman muy sutilmente, pero igual que las otras enseguida ofrecen una pelea dura, se van contra las orillas, al fondo, saltan, espectaculares. En esta ocasión hasta casi la meto en la sacadera pero se vuelve a soltar en el último cabeceo. Nada que hoy no es posible.

Decido volver al aparcamiento, mirando atrás he debido recorrer casi dos kilómetros por el río y empieza caer la luz y buena parte de la vuelta la voy a tener que hacer dentro del agua.

Para cuando estoy llegando, observo una ceba en una de las tablas cercanas al aparcamiento y está repitiendo. Tengo que lanzar aguas abajo, pues por abajo no tengo entrada desde la orilla. Me posiciono lanzo y al segundo intento toma la mosca. Trato de sujetarla desde la orilla, pero con demasiados obstáculos para lograrlo, saldo como puedo hasta el río pero para cuando quiero tensar la línea la trucha ya se había soltado.

Me quedo unos minutos contemplando el ambiente del entorno, la calma es absoluta, sólo el agradable ruido del fluir del agua que discurre entre corrientes y algún pájaro que va ocupando su sitio en el refugio de los árboles de ribera para pasar la noche. Momento de reflexión y satisfacción.

Qué puedo decir, hasta en cinco ocasiones me topo con truchas de buen porte y ninguna lograda, ¡una lástima! pero no sólo se vive de peces grandes, por mucho que pesen éstos en el recuerdo. Debo alegrarme con lograr nueve peces dignas de mención entre medianas y grandes y todas preciosas.

En resumen, una larga, agotadora, intensa y provechosa jornada de pesca a seca, en uno de los ríos más bonitos de nuestro país.

© PescataMinuta 11 junio 2022

Un comentario Agrega el tuyo

  1. trout man dice:

    Un gran entretenido relato de pesca… vaya como de película… mañana,ya que está aquí mi hijo y acompañante,resumo la pesca antes que se acabe el agua.Pues muyyy buena jornada que tuviste y además a mi modalidad purista jaja,un saludo amigo Alberto farioreo

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