Barbos a seca en invierno

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Barbos a seca en invierno

Cada día estoy más convencido de que la pesca del barbo a mosca seca es una de las citas más atractivas con las que un pescador puede deleitarse. Para mi es incuestionable y en mi caso particular, ya ineludible cada año, aún sin ser la única especie a la que le dedico mi tiempo. Si además añadimos que es un pez muy distribuido por nuestra península y que de forma generalizada el periodo hábil para su práctica es de casi todo el año, salvo en alguna comunidad autónoma donde se limita por el periodo de freza, el interés es máximo.

Barbos a seca en invierno

Fue probar pescarlos a mosca seca y mis prioridades cambiaron radicalmente, dejando casi de lado a otras especies de río como el black bass o el lucio. Sigo muy atraído por la pesca de salmónidos en general, trucha, reo y salmón, ésta última actualmente en pura efervescencia, pero el barbo va ocupando en mi agenda de pesca la misma proporción de salidas que frente a las de salmónidos juntas.

Barbos a seca en invierno

Los primeros años los pescaba durante la época más estival (junio-agosto), luego fui incluyendo el otoño, hasta que finalmente los pescaba prácticamente todo el año salvo en el duro invierno (enero y febrero) y su época de freza mas intensa (abril y mayo).

“a seca es todo una proeza”

Barbos a seca en invierno

En mi corta experiencia de pesca del barbo a mosca seca, he podido comprobar que el comportamiento de esta especia en acción de pesca es muy diferente en según que época del año se intente. Así como en tiempo de prefreza (febrero-marzo) y con aguas muy frías su pesca se torna muy difícil, ya que atienden a pocas razones que no sean las de reproducción, buscando su dieta de larvas básicamente en el fondo, a medida que las temperaturas van subiendo y termina el periodo de freza que se suele prolongar hasta finales de mayo, el barbo coge más confianza con la superficie del agua y paulatinamente se asoma para tomar insectos ocasionalmente. Siendo el verano y el otoño donde sienten más curiosidad por todo lo que puede caer frente a sus bigotes en la superficie. Además, estas suelen ser las épocas donde más fácil es localizarlos cerca de orillas tranquilas y de

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aguas más someras. Hay incluso momentos álgidos donde distintas eclosiones al atardecer pueden depararnos gratos momentos de actividad en superficie, también cuando las lluvias copiosas de primavera y otoño hacen salir de sus nidos a ejércitos de hormigas aladas que hacen estragos al caer al agua. En otoño, especialmente finales de septiembre y primeros de octubre, nos podemos encontrar un comportamiento especial de este pez, como si de una post freza se tratara, por llamarlo de alguna forma, y es que hay días que tienen rituales similares al cortejo de primavera, sin llegar a ser tan intensos, pero igualmente, sin prestar atención a las imitaciones de mosca que les lanzamos.

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Pero también está el crudo invierno donde los días de pesca están contados, por su corta duración de los mismos y por la dureza climatológica. Donde además, la escasez de comida favorece un cierto letargo de la especie, siendo más difícil localizarlos, especialmente en los ríos. De por sí, el hecho de salir de pesca del barbo en este época es ya una auténtica aventura y cuando lo haces, tienes que aprovechar al máximo las pocas oportunidades que normalmente se presentan. A veces localizar un sólo barbo es un éxito y si consigues pescarlo a seca es todo una proeza.

Barbos a seca en invierno

En la Península Ibérica hay una gran distribución de esta especie y podríamos afirmar que hoy todavía es abundante, aunque en un evidente descenso. Pero tenemos que tener en cuenta que nuestra geografía y su climatología a su vez es muy diversa. Así, por ejemplo, tratar de pescarlos en invierno en Extremadura y Andalucía en las cuencas del Tajo, Guadiana, Segura o Guadalquivir puede ser una ventaja frente a otras regiones más frías como Castilla y León o Aragón y sus respectivas cuencas del Duero o Ebro por ejemplo. Aunque sean pequeñas las diferencias de temperatura, los peces se han adaptado a estos climas y su actividad puede variar entre sí durante esta época. Me he llegado a encontrar

situaciones totalmente opuesta de un embalse y otro dependiendo de la latitud donde he tratado de pescarlos. Por ejemplo en el Embalse del Jándula (Andalucía) y Valdecañas (Extremadura) a finales de diciembre es posible localizarlos merodeando las orillas, en cambio en el Embalse de Milagro o La Almendra (Castilla y León) en la misma época es muy difícil avistarlos. Por supuesto ni la temperatura ambiente ni la del agua es homogénea entre las regiones más meridionales y septentrionales, habiéndome encontrado diferencias de hasta 7º de diferencia.

“las horas centrales clave”

Barbos a seca en invierno

Puesto que las jornadas son muy cortas debido al calendario solar, tenemos que aprovechar al máximo nuestras salidas. Además de pertrecharse de una adecuada indumentaria y equipación contra el frío, debemos seleccionar bien los horarios, siendo las horas centrales clave en nuestra aventura. Los rayos del sol aunque sean inclinados, propician un ligero aumento de la temperatura que actúa como un activador natural en su actividad diaria. Son fechas, por tanto, en las que no es necesario madrugar excesivamente, tan sólo lo suficiente como para llegar al escenario a media mañana y aprovechar el medio día. Estos días, lograr disfrutar cuatro horas de pesca ya es una proeza y si encima localizas peces, todo un éxito.

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Una ventaja es que sueles pescar en solitario en el lugar elegido, es normal, habitualmente no hay ningún otro loco pescador que no tenga pereza de salir a probar suerte en dicha época. En ocasiones algún pescador de Carp Fishing, pero pocos en cualquier caso. Lo cierto es que te puedes encontrar días maravillosos de sol y tranquilidad, que aunque los peces no estén por la labor, un sencillo paseo en un entorno natural ya es hermoso y gratificante.

Por contra, suele suceder es que dichas horas se pasan desapercibidas, son pocas y cuando te quieres dar cuenta hay que recoger bártulos y regresar a casa. Por eso mismo hay que saber sacarles el máximo partido, sin distracciones. En mi caso, soy de los que almuerzan temprano o durante las primeras horas de la jornada en el transcurso del viaje. Así estás totalmente centrado en su pesca una vez llegan esos momentos tan esperados y escasos.

“debemos ser fuertes psicológicamente”

Pero no nos olvidemos, el objetivo principal es pescar, ya estaba decidido. Es normal, llevamos tiempo de inactividad y necesitamos alimentarnos de nuevas sensaciones. En invierno el gran reto es tener la paciencia suficiente, no hay peces a la vista o los pocos que se ven son muy esquivos. Es por ello que debemos ser fuertes psicológicamente y debemos prepararnos para afrontar momentos especialmente difíciles. Nuestra mente juega con nosotros. Es decir, a veces nuestra mente nos susurra rendirse y abandonar y otras, nos anima a continuar. Es como si nuestro subconsciente fuese el doctor Jekill y mister Hyde por momentos. Y es que son fechas donde no es nada fácil localizar peces a los que tentar con nuestras imitaciones. Requiere paciencia y varios kilómetros de pateo tratando de buscar oportunidades.

Hay veces que el viento y el frío se apodera de nuestra alma y no nos deja razonar con claridad, resistir suele ser un lujo que pocas veces tiene recompensa. Es aconsejable además del atavío adecuado, haber almorzado con consistencia, dotando a nuestro organismo de bastante calorías que nos ayuden a soportar la dureza de la jornada y distraer a nuestra mente. Y si no pescamos, eso que nos llevamos!

“reconfortante recompensa”

Hoy gracias a las nuevas tecnologías e internet, podemos saber con bastante antelación que tiempo va a hacer a un par de semanas vista, aunque la precisión no sea 100%. A medida que se acerca la fecha elegida, podemos ajustar más la previsión. Si el día elegido es soleado, podemos encontrarnos con una jornada muy placentera en esas horas clave comentadas, pese al suelo helado y el frío ambiental matinales.

Esto no nos garantiza nada, ya que los peces salvajes también tienen sus estados de ánimo y no hay una ley física o probada científicamente que pronostique su comportamiento. La única ley que podemos citar es la de Murphy y por todos es sabido que si algo puede salir mal, saldrá mal… y punto!

Lo cierto es que si estamos a pie de río o embalse alguno de esos días elegidos de invierno, nos podemos encontrar con una maravillosa jornada de pesca, con varios peces activos y además tomando nuestra mosca en superficie, lo que sin duda es y pese a todo, una reconfortante recompensa. El invierno, por tanto, es una época del año que no debemos descartar para practicar la pesca a mosca de esta especie. Un poquito de planificación, ilusión y fuerza de voluntad y nos podemos encontrar con alguna jornada de pesca muy agradable y productiva.

© PescataMinuta

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