De vuelta por el Tera

Tera

Comienza septiembre y aún con la resaca de las últimas tormentas me dejo caer por primera vez en esta temporada por tierras zamoranas, donde espero disfrutar de una agradable y entretenida jornada de pesca, tal y como me tiene acostumbrado en otras ocasiones este escenario.

Tera

Habiendo realizado la típica parada y fonda de camino, al poco de llegar al aparcamiento y con el equipo preparado,  entablo una entretenida charla con un simpático lugareño que me habla de este río en sus años mozos, cuando sacaba las truchas a montones y con las manos. Un tío intrépido y con ganas de agradar más que nada, pero que me ameniza con su historias en el Tera. Ya en la orilla comienzo a tratar de leer el río y el entorno, así como la posible actividad en la primera tabla a mi alcance. Es un día cálido con algunas nubes aisladas y con una brisa suave que no perjudica para el lance en absoluto. Día perfecto a priori para pescar a seca. En la orilla contraria y bajo la cobertura de la arboleda ribereña, veo algunas tímidas cebas ocasionales de pequeñas pintonas. Desde aquí arranco los primeros pasos de vadeo, con sigilo y muy atento a cualquier presencia de peces. Por encima otras cebas se van viendo de forma discontinua, así que intento ver que pueden estar comiendo. Pequeños dípteros revolotean a mi alrededor de color pardo, pero no veo de momento ninguna mosca reconocible en el ambiente.

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Empiezo por atar un díptero oscuro en el terminal y a probar fortuna, no tardando en producirse la primera captura, que sin ser gran cosa, salta con fiereza para tratar de liberarse. Sin moverme de aquí, logro clavar otras dos más similares en tamaño. Se acumulan las señales en superficie incluso aguas abajo que trato de atajar lanzando en apilado para hacer una deriva lo más natural posible. Un par de fallos y otra trucha que cae en el engaño.

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Voy subiendo y adentrándome en la tabla en aguas más profundas, sin dejar de otear la superficie en busca de otras que puedan ser algo más grandes. De forma intermitente continua la actividad, logrando algún ejemplar más a corta distancia. Suben rápidamente comen y cambian ligeramente de posición. Con el sol de costado trasero se las puede ver perfectamente apostadas a escasos centímetros de la superficie. Es todo un espectáculo verlas subir a comer.

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En la primera poza, zona sombría del tramo por la gran cobertura de ambas orillas, cambio a ninfa, ya que no se ve ningún movimiento ni quieren subir a por la mosca. Después de peinar bien esas corrientes, tan sólo tengo una picada y logra escaparse en la pelea. Por lo que decido seguir remontando y probando en otras zonas más luminosas y donde puedan estar nuevamente apostadas para comer en superficie.

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El viento empieza a rachearse por momentos y aunque se siguen viendo cebas en las siguiente tablona, ahora no quieren tomar mi mosca. Veo que en el agua discurren todo tipo de insectos, arañas, pequeños escarabajos, polillas…, etc. Decido entonces poner una pequeña hormiga en alas de CDC y parachute para ver su resultado, coincidiendo que ese viento racheado estuviera ayudando a sacudirlas de los árboles.

Tera

En efecto, primer lance y primera captura nada más comenzar a derivar, una trucha maja acepta el engaño y es llevada a la sacadera. Algo más grandecita que las anteriores. Durante un buen rato ese viento que agita las ramas de los árboles me ayuda a capturar tres ejemplares más, aunque hay que hacer muchas correcciones en el lance para precisar dónde poner la mosca, hasta que éste cesa. A partir de aquí la actividad arriba desaparece por completo y después de varios intentos y cientos de río intentándolo no hay fortuna.

Es el momento de hacer un merecido descanso, tomar un tentempié, un refrigerio y esperar a que llegue la tarde y las truchas se vuelvan a poner dispuestas a colaborar.

Tera

Reanudo la marcha, pero en lugar de subir por encima de donde lo dejé, lo hago por debajo, justo al pie de unas corrientes someras, unos 350 m aguas abajo. La sol cae de lado y a contraluz se ve mucho insecto volar, ignitas y tricópteros lo más abundantes, en cambio a penas se ven cebas de las truchas. Hay que intentarlo, aunque sea pescando al agua y probar suerte. Ato al terminal un tricóptero y me dejo llevar por el instinto para lanzarlo en las venas de las corrientes donde creo pueden estar. Después de varios minutos consigo levantar una trucha, que fallo por falta de concentración. A raíz de ese instante pongo los cinco sentido en conseguirlo, y poco después consigo otro bonito premio.

A pesar de haber mucha eclosión las truchas no se mueven y después de vadear a lo largo y ancho del tramo tratando de hacerlas subir, sólo consigo otra trucha más. Así que aquí decido dejarlo, pensando en el viaje de vuelta.

Resumiendo, una jornada plácida de pesca, en la que me quedó un sabor agridulce de no haber sido más fructífera en cantidad de capturas y tamaño, pero una vez más el Tera no defrauda.

© Pescataminuta 2018

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