La Omañuela, río Omañas

Había llovido la noche anterior, pero amanece el cielo despejado, con fuerte viento y con una temperatura a pie de rio de de 11°C me dispongo a preparar el equipo para una jornada más de pesca en tierras leonesas. Desde el puente en el límite superior se pueden observar algunas truchas pequeñas como comen arriba algunos dípteros que revolotean por la superficie.

El río presenta un magnífico aspecto, limpio, aguas transparentes, con fondo de canto rodado y en ambas orillas se pueden apreciar entre la hierba mojada sendas del paso de pescadores que bordean el cauce del mismo. Entre las dos primeras tablas, la primera menos resguardada que la segunda de árboles, se pueden apreciar algunas cebadas. No obstante fuerte viento racheado que por momentos hay en la zona, hacen presagiar un mal escenario para lanzar a seca.

Dejo el coche bien aparcado para dirigirme hacia la mitad del tramo acotado, con la idea de comenzar desde allí remontando río arriba y explorando las distintas posturas que me fuera encontrando.

Ya en acción de pesca, la situación es algo incómoda y termino enganchando el bajo de línea en algunas ramas de los árboles de las orillas. El lanzado se hace muy dificultoso, pero sigo intentándolo. Al cabo de un par de horas consigo clavar la primera pintona de unos 20 cm, con un tricóptero tras su reciente cebada. Y es que en esta ocasión consigo ver perfectamente como toma la mosca la trucha, pues en anteriores no se distingue bien de lo rizada que se pone la película superficial del agua.

El sol va iluminando bien el río entre las capas más altas de los árboles, que en zonas está más cubierto y embarrancado. La ventaja del río es que en muchas tablas se puede acceder a ellas sin ninguna dificultad, además el lanzado se puede realizar sin obstáculo alguno desde el centro del río y en ambas orillas. En otras, algunos meandros conforman pozas profundas con fuertes corrientes entrantes, ideales para oxigenarlas y albergar buenas truchas.

En el camino me sobrepasan un par de pescadores, algo más inquietos que yo y que pronto pierdo de vista. A mí me gusta tomarme mi tiempo en cada rincón del río que puede esconder algún ejemplar. Hasta ese momento, serían las 11:00h, sólo había capturado una trucha, pero la actividad no había cesado. Llego a una tabla con cierto desnivel y más profundidad hacia la orilla contraria, donde puedo ver y oír varias cebadas casi seguidas, muy pegadas a la vegetación y allí decidió probar con un díptero montado en un #18 que utilizo también para el reo y que según observo, parece que es lo que pueden estar comiendo en la superficie en ese momento. En el primer lance consigo otra captura de otra trucha similar a la primera, también muy clarita de librea y muy luchadora. Pasados un par de minutos consigo otra más.

Sigo subiendo y mientras lo hago me voy deteniendo observando distintas eclosiones y actividad de otros tantos insectos, que es muy alta en todo momento; tricópteros, dípteros, efemerópteros y plecópteros. Por cierto, de éstos últimos es la que especie que más abunda con diferencia y algunos ejemplares son importantes de tamaño, llegando a asustarme los primeros, parecen langostas o mantis. La verdad es que truchas se están pegando un gran festín. Las truchas no son grandes, al menos las que se dejan ver y las capturadas hasta el momento, pero el río anda bien de población, por lo que intuyo que también tiene que haberlas grandes.

Bajo la cobertura de los árboles de las orillas, es donde se cobijan la mayoría, aunque algunas pequeñas merodean por el centro de las tablas. En uno de los lances, al no ver bien la picada, clavo una trucha al recoger la línea de forma fortuita y es que durante toda la mañana el viento no ha cesado de incordiar.

Llego a un tablón espectacular, por la anchura y por las distintas posturas que ofrece, pero después de pasar un rato intentando todas las posibles, incluso con ninfa en la corriente de entrada, me doy por vencido y continuo aguas arriba. Aunque me queda con la curiosidad de si pudiera tener alguna trucha.

En la siguiente más parada, más uniforme y con menos profundidad me detengo a cambiar el bajo para pescar con seca y vuelvo a montar un tricóptero. En seguida vuelvo a capturar otra bonita trucha y otra unos metros más arriba en la misma tabla.

La última clavada la tengo hacia las 17:30h, en una zona de aguas rápidas que terminan en remolino cerca de un tronco hundido. Pero esta vez no consigo capturarla porque ella misma se suelta cuando la voy a coger con la sacadera.

Así finalizó esta jornada de pesca, y mientras escribo el reportaje pienso en que se podía haber dado mucho mejor de no haber sido por el fuerte viento que durante todo el día estuvo presente en todo el tramo. La actividad de los peces fue muy constante durante la jornada, pero yo no estoy acostumbrado a perder el control del lance en acción de pesca, como a no ver en algunos de esos lances donde había caído la mosca. Estoy convencido que habría tenido más posibilidades en condiciones óptimas de pesca. Aun así, me doy por satisfecho, habiendo descubierto un coto muy interesante en cuanto a belleza y población de truchas y al que visitaré en un futuro.

Texto y fotos: PescataMinuta

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