LSM Cuevas Labradas, río Gallo

Hacía muchos años que no visitaba el río Gallo, quizás por la creencia desde entonces de que su población de trucha común estaba muy mermada. Información que no había contrastado, pero en la que coincidían varios conocidos mosqueros y conocedores de sus acotados y tramos libres.

Tampoco estábamos muy animados, pues el puente de mayo había traído consigo el mal tiempo en general, sobre todo en la zona centro. Pero eran muchos días libres para quedarse en casa, sin aprovechar alguna oportunidad.

En esta ocasión optamos por pescar en el tramo libre sin muerte de Cuevas Labradas de este famoso e histórico río truchero, ya que nos habían dicho que estaban saliendo bien las pintonas esta temporada.  Por lo que decidimos comenzar el mes de mayo visitando sus aguas, en busca de una agradable jornada de pesca con sus truchas comunes autóctonas.

El día amaneció de camino totalmente despejado, lo cual después de varios días de viento, lluvia y granizo, era todo un respiro. Según nos acercábamos al tramos, advertimos el caudal de sus aguas, muy tomadas y algo turbias, precisamente por las últimas tormentas. Aun así se veían muchas tablas pescables que a buen seguro nos depararían algunas que otra sorpresa.

Aparcamos hacia la mitad del tramo, con la intención de bajar andando hacía el tramo inferior para luego subir hacia la cabecera.

Ya en la primeras posturas se pudieron ver algunas pequeñas truchas, que no daban la talla, pero que se movían con las ninfas que tocaban los fondos montadas en tándem. Pero no hubo ninguna picada hasta pasada la primera media hora. En una de las tablas una pequeña trucha picó a una de las ninfas de bétido, pero no logré clavarla bien. Quizás porque era demasiado pequeña para el anzuelo que llevaba montado, o quizás por la sorpresa de la picada que me pilló desprevenido. Lo cierto es que se soltó muy rápido.

Proseguimos mirando en los rápidos de algunas curvas del río, pozas profundas y otras tablas que por su apariencia, tenían pinta de albergar más truchas. Y llegamos a ver más actividad, algo que también estaba propiciando la temperatura ambiente a medida que avanzaba la mañana.

Decidimos hacer un alto y comer algo, pues nos quedaba mucho por andar y vadear.

Al poco de reanudar la actividad, Miguel corrió la misma suerte con otra trucha, por momentos se nos estaban resistiendo.

Llegamos a ver algunos buenos ejemplares entre la vegetación de algunas pozas y tablas de difícil acceso y aunque intentamos desde distintas posturas engañarlas, no fuimos capaces de conseguirlo.

Habíamos remontado el tramo del río un kilómetro desde el aparcamiento y era el mediodía, pero no habíamos logrado ninguna captura, tan sólo fallidos. En uno de los meandros del río, pegados a una fuerte corriente, decidimos probar suerte ya que tenía muy buena pinta. Pronto observé desde la orilla una trucha pegada en el lecho prácticamente inmóvil. Me agaché lo suficiente y probé con el perdigón que llevaba montado varios lances, pero la trucha ni se inmutaba. Cambié a una ninfa de bétido , en el primer lance parecía que se sentía atraída, en el segundo llegó a rechazarla en el último momento, pero al tercero, se lanzó a por ella con energía, lo que me posibilitó clavarla perfectamente.

¡Por fin! no era muy grande, pero como premio valía mucho en ese momento. La jornada estaba siendo dura en cuanto a capturas se refiere, por lo que ésta consiguió subir nuestro ánimo por momentos.

Poco después en una de las mejores tablas que habíamos encontrado en el curso del río, dispuso de una ocasión inmejorable, pues llegó a clavar una gran trucha que se escondía bajo las algas. Pero la suerte no le acompañó ya que en la pelea esta vez le rompió el bajo de línea. ¡Qué pena! parecía una gran pieza. Seguimos unos minutos en la misma tabla, ya que habíamos visto alguna cebada, que nos hizo cambiar a seca, pero la actividad cesó por momentos.

Subimos a otra tabla río arriba y llegó a tener otra picada fallida. Esta vez era una trucha pequeña, pero también se soltó.

Dimos por finalizada la dura jornada en el río Gallo. Confirmando que hay truchas en este tramo libre y por lo que nos comentaron un par de pescadores de camino al coche, algunas de buen tamaño, ya que de las dos truchas que habían clavado una de ellas medía 40cm.

En fin, que el río Gallo es una buena opción, si queremos pescar truchas autóctonas de una gran dificultad y disfrutar del paisaje natural del Parque Natural del Alto Tajo.

Texto y fotos: PescataMinuta

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