Tiempos de reflexión

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Hoy apenas voy escribir sobre pesca, no al menos como lo suelo hacer en mis crónicas a pie de río que acostumbro a compartir desde mi blog. Creo que esta inquietud la tenemos todos.

Dejadme deciros que es muy difícil escribir estas líneas sin dejar de mirar de reojo las tristes noticias que el COVID-19 nos deja todos los días. Una terrible realidad ha irrumpido en nuestras vidas para alternar nuestro bienestar y desgraciadamente está siendo muy dura. Quiero pensar que esta crisis sanitaria pasará y poco a poco la sociedad volverá a una nueva normalidad. Digo nueva porque esta vez sí, algo tendrá que cambiar en nuestra manera de pensar y de vivir.

Son muchas las imágenes insólitas que hemos visto en los medios de comunicación con comercios cerrados, calles y carreteras vacías… parecen increíbles, como si de un rodaje de película se tratara, como hizo Amenábar en “Abre los ojos”. Pero hemos pasado de ser actores principales a meros espectadores del mundo que nos rodea.

¿Cuánto durará esto?, no lo sabemos, pero sí que sabemos que la naturaleza sigue adelante y ahora más que nunca en plena libertad. Ahora no tiene que enfrentarse cuerpo a cuerpo a su gran rival el ser humano. Siendo además primavera, brota y florece rápidamente, abriéndose camino por todos los rincones. Es la parte positiva de esta terrible pandemia.

Los animales lo saben y ahora se acercan a donde antes era impensable verlos. Les hemos dejado en paz y ellos se sienten más confiados para invadir ciertos lugares prohibidos. Nuestra frenética actividad les merma una total libertad y les mantiene confinados en bosques y parques naturales. Ahora merodean a sus anchas por las calles de algunas ciudades.

Según un estudio de más de 20 años por Conservación de Vertebrados (SCV) en 2017 se superaban los 30 millones de atropellos de animales en nuestras carreteras y no quiero ni pensar la cantidad de insectos que quedarán estampados igualmente en nuestros parabrisas. Así que el daño es demoledor, aunque sea fortuito.

Nuestro parón ha limpiado considerablemente el aire y la reducción de contaminación se ha hecho patente en todas las grandes ciudades mundiales. Así por ejemplo hace unas semanas se nos informaba en los telediarios que el gigante asiático había reducido las emisiones de CO2 hasta en una cuarta parte. Madrid, donde vivo, hasta en un 73%. El resto responde a nuestro propio confinamiento.

Está claro que nuestra huella está demasiado patente sobre el planeta y especialmente en el medio ambiente y que nuestra voracidad en la forma de vida implica someter al resto del planeta a unas condiciones muy severas.

Afortunadamente una pandemia no es ninguna solución, ¿quién iba a imaginar este escenario?, pero si es una lección sobre la que tenemos que reflexionar y aprender. Es fácil escribirlo ahora mismo, a tenor de las evidencias, pero está claro que nuestros esfuerzos como sociedad deben ir dirigidos hacia un mundo más sostenible. Puede parecer difícil llevarlo a cabo, pero nos puede servir de precedente que como sociedad al sentirnos amenazados hemos sido capaces de actuar coordinados para sobrevivir, por lo que tenemos esa capacidad de acción que quizás no imaginábamos. Es una esperanza.

Todos los que amamos la naturaleza y que pasamos muchas horas disfrutándola de algún modo, ocio, deporte, hobby, observación, queremos volver a estar en contacto lo antes posible. Pero soy consciente de que esa urgencia será nuevamente peligrosa y no creo que seamos capaces de asumir nuestra responsabilidad, volveremos a pensar en nuestro ombligo de forma egoísta, por lo que desgraciadamente volveremos a las andadas.

Para un pescador y fotógrafo, perderse además la estación primaveral que marca el comiendo de tantísimas aventuras y momentos de exuberancia a inmortalizar es cuanto menos, bastante frustrante, pero por sentido común y obligación, tengo que dar ejemplo y arrimar el hombro, quedándome en casa, si no quiero que esta reflexión sea cínica.

Toca vivir de los recuerdos, de releer otros posts de amigos bloqueros, de ver fotografías y vídeos con añoranza que nos permitan recuperar en nuestra conciencia y alma cierta paz y tranquilidad, así como escuchar tertulias de pesca en directo o plataformas digitales. En nuestra memoria de precipitan miles de sueños y momentos de pesca imaginarios que nos hacen volver a tener ilusión por esa afición que tanto nos gusta.

Para cuando eso ocurra, sólo espero estar a la altura de las circunstancias y poder escribir e inmortalizar gráficamente esos grandes momentos de gloria que volveremos a disfrutar, solos o con amigos. Esos lances imposibles, esos peces sorprendentes y nuestras cañas encorvadas por la lucha de ese trofeo soñado. Si hay algo que me inspira y me motiva como pescador es vivir la aventura a tope y poder compartir dicha hazaña, escribiendo, en foto o en un vídeo que sea capaz de transmitir lo vivido en dicho momento.

No paro de imaginarme esa trucha, reo, salmón o barbo, que es principalmente lo que estoy pescando en estos últimos años, prendidos en el otro extremo de la línea o posando delicadamente entre mis manos saboreando su belleza. Historias legibles con todo detalle, fotos de peces y escenarios “sin pixelar” y vídeos cargados de adrenalina, todo ello con el respeto necesario que siempre he tratado de imponer en mis acciones de pesca.

Pero mientras tanto, ¿Qué pensarán los peces? Creo que, si tuvieran el mismo nivel de conciencia que nosotros, ¡a saber!, estarán agradeciendo nuestro confinamiento y disfrutando a placer en todos los embalses y ríos de nuestras cuencas fluviales. Me imagino a bogas, barbos, salmones y reos remontando nuestros ríos con confianza, sin cañas que los detengan o perturben su mundo vital, naturalmente en unas aguas más limpias y tranquilas.

Creo que, durante esta situación, se ha reabierto una ventana de esperanza y de ilusión, que ya estaba abierta, pero en la que no queríamos asomarnos. Ha sido privarnos de muchas libertades para realmente darnos cuenta de los detalles que importan, los sencillos, los que nos rodean y en los que no reparábamos o nos deteníamos a observar. Muchos más de los que imaginábamos, sobre todo aquellos que nos gusta hacer y ahora no podemos. En mi caso, salir de pesca acompañado de amigos es lo que más echo en falta. Porque no hay mejor manera de disfrutar de lo que a uno le gusta que con los compañeros incondicionales del alma. Esos viajes y tertulias habituales, esos lances y esas risas y anécdotas antes, durante y después de la jornada ¿Cuándo volverán?

Hasta entonces, sigo hojeando libros de pesca y blogs, viendo fotos y vídeos pasados que me hagan subir la moral y me permitan llevar esta crisis con la mayor ilusión posible. Llenando cajas de moscas, quizás por llenar, atando nuevos patrones y probando materiales, todo aquello que por momentos me haga apartar la vista del problema y me ayude a evadirme indirectamente con esta afición.

Quiero volver abrazarme de nuevo a la libertad, de poder salir a un río o embalse a pescar, caña y cámara a cuestas y vivir nuevas sensaciones inolvidables, las cuales guardaré en la nube de mi memoria para siempre.

No paro de pensar que ese día llegará y el momento de poder escaparme. Seguramente no pesque y si lo hago será algo secundario, ya que mi prioridad será impregnarme de aromas, colores y escenas de pesca de algún compañero, seré un espectador. Ver las cebas de los peces, las corrientes, el paisaje, cualquier detalle que me llene y que aplaque mi moral. Necesito grandes dosis de aventura, pero todo con cabeza y a su debido tiempo.

Ese día, todos volveremos a disfrutar, espero que con más respeto y con una mentalidad más racional para practicar nuestras aficiones.

Yo estoy deseando enseñaros mi primera foto y cuando llegue no dudéis que la volveré a compartir con todos vosotros.

¡Mucho ánimo y cuídense!

© Pescataminuta

Este post fue publicado gentilmente en original a través del blog de mi amigo Luis Quesada PESCA DE BUEN  ROLLO en la sección de CAFETERÍA EFÍMERA. Aquí os dejo el original:

http://pescadebuenrollo.blogspot.com/2020/04/la-cafeteria-efimera-dia-20.html?view=classic

Muchas gracias Luis por su difusión!

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